Últimamente se habla mucho sobre las Smart Cities, en castellano Ciudades Inteligentes. La idea, en líneas generales, es utilizar la tecnología y los recursos humanos para:
• ofrecer más y mejores servicios a sus habitantes
• mejorar y abaratar los existentes
y todo ello con un compromiso de desarrollo sostenible.
Vamos que una Smart Cities es algo que desde siempre ha tenido que existir y no es ninguna novedad salvo el nombre “marketiniano” que se le ha dado desde hace unos años.
Ya los antiguos romanos hacían Smart Cities y los egipcios y otros pueblos. Todo dependía, aparte de los conocimientos y tecnología existente, de la capacidad y disposición de sus gobernantes.
Si es verdad que la tecnología desde hace unos años evoluciona a un ritmo frenético (seguirá haciéndolo) y puede contribuir de forma importante a mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, abaratar costes, aumentar servicios etc…. pero las Smart Cities, como concepto, han existido de siempre.
Como ciudadanos o vecinos debemos exigir a nuestros alcaldes y concejales (tal y como hacían nuestros antepasados cuando les dejaban), que hagan todo lo posible por seguir teniendo y desarrollando nuestras Smart Cities (ciudades inteligente) o Smart Villages (pueblos inteligentes).
Lo de siempre, sólo necesitamos:
“Sentido común, preparación y ganas de hacer las cosas bien combinándolo con los avances tecnológicos existentes”

